Entrevista a Mario Rey, voluntario en Benga

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Mario Rey tiene 21 años, es universitario y cursa Estudios Financieros en Madrid. El pasado verano tuvo la oportunidad de visitar Malaui y pasar varias semanas en la parroquia de Benga, con la que colaboramos a través de nuestro proyecto “Alimentos para Malaui”. Allí, él y sus amigos pudieron conocer de primera mano la labor humanitaria que llevan a cabo los misioneros y colaborar en el reparto de comida entre la población más necesitada.

Mario nos cuenta que ha vuelto a España muy impresionado por todas las experiencias vividas y enamorado de este país africano y sus habitantes.La gente de Malaui es mucho más abierta. En Europa es muy extraño que dos personas hablen entre sí o se saluden si no se conocen. Allí, en cambio, son mucho más abiertos a comunicarse y están más unidos. Para alguien de Malaui sería impensable no conocer a sus vecinos”, explica.

Durante su estancia, este joven madrileño pudo conocer sobre el terreno los diferentes proyectos de desarrollo que mantiene la parroquia de Benga, que incluyen guarderías, cursos de formación para agricultores, asistencia a ancianos y, por supuesto, la labor pastoral, que consiste en llevar el sacramento a los pueblos más alejados. “Aunque a un occidental que sea poco religioso le parezca que esto no tiene mucho impacto, para los habitantes cristianos de la zona de Benga la religión es de gran importancia y se vive como una gran fiesta”, señala.

Creo que la educación es clave para mejorar la calidad de vida de la gente de Malaui


Entre los proyectos de desarrollo que visitó, Mario destaca la guardería de Benga, “porque ofrece un nivel educativo muy alto para el existente en la zona y creo que la educación es la clave para mejorar la calidad de vida de la gente de Malaui. Actualmente la están ampliando para poder impartir también Educación Primaria, pues los alumnos no mantenían el nivel adquirido cuando pasaban a un colegio con peor nivel de enseñanza”.

Sin embargo, hay un proyecto que impactó especialmente a Mario, quien no duda en señalarlo cuando hablamos de la repercusión que tiene la labor de los misioneros para las gentes de Benga: “Durante varios días estuvimos acompañando a Brian, que es el encargado del proyecto de asistencia a ancianos. Cada día cargábamos el coche de comida, visitábamos a diez ancianos que vivían en distintas zonas y les dábamos comida suficiente para unos quince días, aproximadamente”, nos cuenta. “Este proyecto fue el que más impacto tuvo en mí, en parte porque fue al que más tiempo dedicamos, pero sobre todo porque me permitió ver con mis propios ojos las circunstancias en las que viven los miembros más débiles y desfavorecidos de Malaui, además de acercarme a ellos y poder aprender de la experiencia”, explica.

Pensamos que por venir de un país desarrollado sabemos más, pero hemos olvidado
las cosas más importantes


La estancia en este país africano ha marcado a Mario, que se muestra encantado con la cálida acogida que le dieron sus habitantes. “Hay mucho que aprender de ellos, pensamos que por venir de un país desarrollado sabemos más, pero hemos olvidado las cosas más básicas e importantes, las que te ayudan a saber vivir. Ellos son felices con lo mínimo, no tienen el mismo nivel de estrés al que nosotros estamos acostumbrados y aprenden a vivir con las circunstancias, sean buenas o malas. Disfrutan de la vida, independientemente de la abundancia o escasez en la que vivan”, afirma. 

Mario tuvo la oportunidad de grabar todo lo que veía mientras ayudaba como asistente en la guardería de Benga, donde jugaba con los niños y en ocasiones les daba clases, y también durante las actividades de reparto de comida. Fruto de este trabajo es este vídeo sobre el proyecto de asistencia a ancianos, que nos ha cedido con el fin de difundir el proyecto y mostrar su agradecimiento a los responsables de la misión de Benga y a las personas que participan en él. ¡Haz click para verlo!

 

Proyecto de asistencia a ancianos en la región de Benga (Malaui)