Dispensario en Turkana: Afrontando nuevos retos

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Como ya sabéis, uno de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos en nuestra área de Cooperación al Desarrollo es proporcionar atención médica a la población de Turkana, una región situada al norte de Kenia, que se encuentra asolada por la sequía, la pobreza y la escasez de infraestructuras.

A través de nuestro dispensario médico y su clínica móvil, damos cobertura sanitaria a un área habitada por alrededor de 24.000 personas, que no cuentan con ningún otro recurso sanitario y que habitan en aldeas aisladas, a más de 40 kilómetros del hospital más cercano y sin medios de transporte a los que poder recurrir si se produce una emergencia médica.

Salvar vidas: una cuestión de tiempo

Sólo en el pasado mes de julio, nuestros médicos atendieron a 163 pacientes, de los cuales 68 eran adultos y 95 menores enfermos. Los niños y los ancianos son dos de los sectores más vulnerables de la población Turkana, y los que más peligro corren al enfermar, si no se interviene a tiempo. Es el caso de Kala, una niña de siete años que nuestra clínica móvil descubrió en el asentamiento de Koro, situado en la frontera entre Turkana y Etiopía.

La pequeña llevaba tiempo quejándose de dolor en el pie y, cuando por fin pudo ser atendida, se le diagnóstico micetoma, una infección muy grave conocida como Pie de Madura. Rápidamente se la trasladó al hospital de Nariokotome, situado a 40 kilómetros de distancia y, de allí, al hospital de Lodwar. Sin embargo, para cuando los médicos especialistas pudieron examinarla, la infección ya había afectado al hueso y no quedaba más alternativa que amputar la extremidad para poder salvar su vida. Kala permanece ahora ingresada en Lodwar a la espera de su operación.

Nuestros colaboradores en Kenia nos explican que uno de los mayores problemas que afrontan es que, para cuando la clínica móvil llega a los asentamientos, con frecuencia el estado de los enfermos ha empeorado o es demasiado tarde para intervenir, ya que muchos pacientes no buscan ayuda médica hasta que sus síntomas se agravan.

Maeh y Doti, dos vidas salvadas

Afortunadamente, en el caso de Maeh, otra pequeña de nueve años de la misma aldea, sí pudimos llegar a tiempo. Maeh llevaba cinco días enferma por una picadura de serpiente cuando nuestros clínicos la trataron. La niña estaba débil y tenía mucha fiebre, ya que la picadura se había infectado. Los responsables de la clínica móvil convencieron a sus padres para que les dejasen trasladar a la menor al dispensario de Todonyang, donde la cuidaron y trataron durante dos semanas hasta que por fin se recuperó.

Otra curación exitosa fue la de Doti, una anciana enferma cuyo caso llegó a oídos de nuestros clínicos mientras trabajaban en la zona de Nainakabarang. Cuando llegaron a su casa, Doti se encontraba muy débil, deshidratada y desnutrida, no tenía tono muscular y era incapaz de caminar. Enseguida la trasladaron al dispensario de Todonyang, donde fue rehidratada durante siete días con fluidos intravenosos, complejos vitamínicos y antibióticos. Gracias a este tratamiento, Doti ya muestra mejoría, e incluso puede sentarse y alimentarse por sí misma, aunque sigue débil.

La experiencia vivida con estas tres personas ha motivado a los responsables de nuestro programa de Salud en Kenia a buscar y formar a miembros de las tribus locales para que puedan examinar a pacientes que necesiten primeros auxilios y distinguir los síntomas importantes que permitan atajar a tiempo los casos graves. También se reforzarán las charlas de educación sanitaria que se dan periódicamente a la comunidad, incidiendo en la importancia de buscar ayuda médica para tratar las enfermedades, en lugar de recurrir a métodos tradicionales que pueden agravar la situación del enfermo.

Con este espíritu y más energía que nunca, seguiremos luchando para mejorar la salud y la educación en la región más empobrecida de Kenia.