Así se vivió la Navidad en Turkana

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«El sábado 21 de diciembre fue más caluroso de lo habitual: el viento del desierto agitaba el polvo de nuestros rostros mientras terminábamos de distribuir alimentos entre los afectados por la hambruna en la aldea de Sies. Entonces el viento se calmó y, a lo lejos, bajo una intensa luz, vimos a tres jóvenes pastores que transportaban con cuidado y amor a las crías de sus ovejas. Fue un espectáculo, ya que el hecho de que haya nuevos nacimientos es poco común en esta época de sequía y hambre. Fue el signo de esperanza que estábamos aguardando.

Los Dassanech que habitan en la aldea de Sies habían pasado tres meses de desesperación, debido a que la crecida del río Omo había inundado sus campos de pastoreo. Alrededor de 10.000 personas debieron hacer frente a la hambruna cuando sus animales -principal fuente de alimento- comenzaron a morir en grandes cantidades. La inundación les había obligado a trasladar sus animales hacía el territorio de la tribu Turkana, a donde iban armados, por lo que representaban una amenaza para la seguridad de la zona.

De hecho, los Turkana habían realizado un asalto contra los pastores Dassanech como represalia contra la invasión de su territorio y sus campos de pastoreo. Temíamos que esto desembocara en nuevos enfrentamientos entre ambas tribus, pero los Dassanech nos comunicaron que estaban demasiado débiles, a causa del hambre y la muerte del ganado.

Cada día morían cerca de 30 reses, lo que aumentó la desnutrición y la enfermedad entre los niños y los miembros más vulnerables de la tribu Dassanech. Por esta razón, realizamos un llamamiento de urgencia que nos permitió conseguir dos camiones de heno y dos camiones de maíz y frijoles para mantener a esta comunidad durante tres meses. Esto les permitiría no caer en la desesperación ante su grave estado.

Un rayo de esperanza

Los ancianos nos dijeron que era la peor hambruna que estaban viviendo. De hecho, en los ocho años que llevamos trabajado con los Dassanech, nunca los habíamos visto tan vulnerables y débiles. Incluso con la ayuda alimentaria, el ganado siguió muriendo, lo que resultaba desalentador. La situación era desesperada. por eso, cuando vimos a estos jóvenes pastores, Ayaral y sus amigos, con las crías de las oveja, para nosotros una señal de esperanza, nuevas vidas nacían a pesar de este presente de incertidumbre.

¡Fue Navidad aquí también! La visión de estos jóvenes fue una clara señal de que lo peor ya había pasado y llegaba una nueva primavera. Si los animales pueden dar a luz vida, significa que la fuerza volverá a la comunidad y podrán limpiar sus lágrimas. Pronto el hambre se saciará, los animales tendrán sus crías, serán ordeñadas y la gente cantará y bailará de nuevo, ya que será Navidad para ellos».